martes, 16 de julio de 2013

Estiro los brazos hacia el cielo. Cierro los ojos. Siento la brisa, la melodía de tu voz tan diferente, y dibujo el trazo de tu media sonrisa, tus labios haciendo el amor a un cigarrillo. Acaricio sin tocarte el dorado de tu piel. Compartimos historias de infancia, comemos melocotones helados. Sonreímos por todo y por nada. Escapamos escaleras arriba. Nos escondemos. Los nervios causan estragos, las películas se quedan a medias, los superhéroes esperan al otro lado de tu cuerpo. Nos quemamos las ganas en una cama que quiere volar. Nos entra la risa tonta. Yo descalza y tú con un calcetín de cada. Respiras el humo, y yo te respiro a ti. Me miras de reojo, me acaricias. Yo me muerdo los labios y corro hacia el jardín. Quiero sentir la hierba bajo los pies, probar el agua despacio, o tirarme de golpe. Me persigues, nos salpicamos. Jugamos, y volvemos a ser niños. No hace tanto de aquello, y seguimos siendo los mismos siendo otros. El verano del 2013 se funde con el del 92.

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