Te recuerdo inquieto y curioso, descubriendo rincones, saboreando calles y personas nuevas. Te recuerdo en lugares a los que nunca he ido. Nunca he estado y sin embargo puedo verte con la barba descuidada y las piernas cansadas pero el espíritu despierto. Quizá porque tú me llevaste dentro, y me regalaste tus recuerdos en forma de alas y de piedras de otras épocas, de la misma forma que yo te llevaré conmigo, como siempre he hecho.
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