Cuatro son los meses que viví en un paraíso congelado, inundándome de acentos. Ocho los años en primera persona del plural, salpicada por las olas, sin soltarle la mano a un sueño, mecida por el aire y en voz baja. Once es noviembre y todo lo que conlleva, es la fila del cine en la que siempre me siento, los paseos bajo la (no) lluvia y los columpios y las baldosas negras de las aceras. Diecinueve es mi infancia y mi preadolescencia y las excursiones y los autobuses pasando por túneles y la hora del recreo y las canastas. Diecinueve es agua y magia y camas compartidas que nos hacen amanecer siameses. Veintisiete es el primer amor, el inocente que se besa en la mejilla y sonríe...
Y ciento cuatro son los kilómetros que he soñado que recorría esta noche, tanto tiempo después, para quedarme despierta junto a ti en la cama, para pasar el día en casa sin necesidad de comer y pasear de noche por el río, para habitar nuestro universo paralelo, escondidos, clavándonos los ojos y las ganas.
Seminario Maceta Combi
Hace 1 año

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