Estoy atrapada en laberintos emocionales. Sumas y restas. Infinitas recombinaciones de unos cuantos elementos sin sentido. La garganta dormida, los pies gritando al cielo y las manos coleccionando caricias imaginarias. Con formas de lagartija, con el equipaje a medias. Sin mapa y sin camino. Se levantan paredes, muros, montañas. Y me canso de mí y no hay saltos mortales, aunque digan que no hace falta ningún talento especial para elevarse en el aire.
Claustrofobia y agorafobia a la vez, como dos personas en una cama. No me importa mojarme.
Capaz. Jugándomela. Como una bruja ante su espejo, repitiendo encantamientos y hechizos. Lo razonable nada tiene que ver con lo sensible. Que me lleve el tiempo que tenga que llevarme. Que alguien me quite el sueño de los ojos. Que el viento me quiera escuchar. Y que me digan que salte y no tener que pensarlo.
Valiente.
laberintos emocionales. me gusto eso.
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